Los Ingleses y Valparaíso
 

 

 

Desde su nacimiento, a mediados del siglo XVI, el puerto de Valparaíso recibió el poderoso influjo británico. Primero fueron los piratas que asaltaron barcos y saquearon viviendas y luego, en el siglo XIX, los industriales, comerciantes, banqueros y navieros que convirtieron a la ciudad en el cosmopolita epicentro de la vida económica nacional y contribuyeron en forma decisiva al progreso del país.


Inmigrantes ingleses en el Valparaíso Golf Club, 1925

Fundada en 1542 y concebida durante la Colonia como un pequeño puerto usado para el comercio con Perú, la ciudad de Valparaíso se convirtió, en poco tiempo, en un destino apetecido por piratas ingleses como el temible Francis Drake que en 1578 llegó a la bahía, asaltando un barco cargado con oro en polvo y saqueando casas y bodegas. En 1594 la expedición corsaria comandada por Richard Hawkins, repitió la hazaña, saqueando el puerto sin encontrar resistencia.

La apertura y la inserción del país en la economía mundial, como consecuencia de la Independencia, desde 1830 convierten a Valparaíso, en el emporio comercial del Pacífico, donde los barcos que atraviesan el Estrecho de Magallanes encuentran un lugar seguro para almacenar y distribuir sus mercancías. Esto, sumado a la estabilidad política del país atrae a gran cantidad de extranjeros, especialmente británicos -ingleses, escoceses, galeses y algunos irlandeses- quienes se dedican a las exportaciones e importaciones, en forma independiente o como representantes de casas mercantiles británicas, desplazando rápidamente a los mercaderes nacionales.

Pronto Valparaíso fue el centro de un importante comercio que abastecía a Perú, Bolivia y el noreste argentino, y más tarde a California y Australia. Convertido en un puerto estratégico para Gran Bretaña, atrae a los capitalistas británicos que apoyan el proyecto del estadounidense William Wheelwright, para establecer una línea de vapores en el Pacífico con sede en Valparaíso, que constituye la base de la marina mercante nacional. Desde mediados del siglo XIX y hasta la primera década del XX, Valparaíso mantiene su sitial de capital económica del país, concentrando el mayor movimiento monetario, la mayoría de las sedes de las nuevas sociedades mineras e industriales, bancos, oficinas de ferrocarriles, compañías mercantiles y aseguradoras.


Cerro Alegre, Valparaíso hacia 1900.

En 1817 se crea en el puerto una Cámara Chilena-Británica de Comercio que, durante todo el siglo, agrupa a las empresas británicas a lo largo del país y coordina el activo intercambio comercial entre la Isla y Chile. "Las tiendas inglesas son las más numerosas; la mercería y los géneros de lana son los artículos principales. En todas las calles se ven sastrerías, zapaterías, talabarterías y posadas inglesas, y son sorprendentemente numerosas las personas que aquí hablan inglés", señala la viajera María Graham en 1822.

Desde la Plaza Sotomayor, frente al muelle Prat, se conforma el centro financiero de la ciudad, con edificios de gran valor como el del Ex Banco de Londres, que se conserva hasta hoy y cuyos revestimientos de bronce, piedra pulida y mármol fueron traídos directamente desde Inglaterra. En 1854 se construye, en la calle Templeman, la iglesia anglicana de Saint Paul, de estilo gótico y sin torre, cuyo órgano policromado fue donado en 1903 por la Reina Victoria. Las familias de mercaderes ingleses instaladas en el Cerro Alegre -Happy Hill- representan a la emergente burguesía mercantil.

En los albores del siglo XX el aire inglés impregna a la cosmopolita ciudad de los negocios en donde se respira la riqueza del salitre. Mientras los jóvenes estudian en colegios como el Mackay, el Schooler o el Bluhm, los salones de té, los deportes, las costumbres y diversiones dan cuenta de la influencia de la elite británica que lidera el bullente comercio. En las calles, donde se lee el Times traído del viejo continente, se oye comúnmente el idioma inglés, presente en los apellidos y en los nombres de las tiendas y oficinas, que abren y cierran con puntualidad británica. Los edificios céntricos replican a ejemplares ingleses. En Viña del Mar, los extranjeros comienzan a fijar su residencia junto a la elite aristocrática porteña, que en gran medida adopta los modos británicos, admirando su educación, su refinamiento, su empuje.

Secundados por líderes sociales viñamarinos, los británicos fundan el Valparaíso Sporting Club, que concentra el panorama del domingo, con picnics y rubios jinetes. La vida social de la elite se desarrolla en el Club Valparaíso, o en el Club Inglés donde se comentan los sucesos publicados en el periódico South Pacific Mail. Mientras los artículos franceses hay que buscarlos en Santiago, los ingleses se hallan en los almacenes y tiendas de Valparaíso. La colonia residente en el puerto se dispersa en la década de 1950, cuando muchas familias se trasladan a la capital obligadas por el centralismo económico de esos días.


Personalidades financieras de Valparaíso en 1925.

"El verdadero color de Valparaíso está en los cerros. La gente extranjera del plan es una aglomeración de firmas comerciales sin espíritu ni patriotismo", escribe con dureza el cronista Joaquín Edwards Bello a fines del XIX. Una afirmación, que si bien remite al frío pragmatismo, al rigor profesional y a una mentalidad economicista inéditos en nuestra gente, no alcanza a vislumbrar el decisivo aporte que, desde la Independencia hasta nuestros días hicieron los ingleses en el desarrollo industrial y agrícola del país.

No sólo a través de su actividad en Chile, de su espíritu empresarial y su eficiencia, contribuyeron notablemente a la economía nacional, sino también de importantes préstamos en dinero, el primero de los cuales, gracias a la iniciativa de Lord Cochrane, fundador de la Primera Escuadra Nacional, se concreta por parte de los banqueros de Londres que en 1822 entregan al gobierno la entonces grandiosa suma de un millón de libras esterlinas, que son destinadas a financiar la guerra de la Independencia. Las nuevas tecnologías que genera la Revolución Industrial, son introducidas en nuestro país con apoyo de créditos otorgados por Gran Bretaña.


Calle Cummings, Valparaíso, hacia 1900.


Muchos de los británicos que hicieron fortuna en el país, se establecieron aquí en forma permanente, fundando familias de tanta tradición como los Edwards, Mac Clure, Mackenna, Thompson, Bunster, Walker, Lynch, Ross, Cox, Eastman, Budge, Mac Iver, Wilson, Mackay, Hudson, Armstrong, Campbell y Swett, entre muchas otras, de las que han surgido reconocidos hombres públicos y profesionales, así como empresas que han hecho historia: el banco de A. Edwards y el diario El Mercurio, firmas navieras como la Pacific Steam Navigation Company, Gibbs y Cia, las compañías explotadoras y administradoras de las salitreras y de las minas de cobre.

Los británicos destacaron, asimismo, como pioneros en la industria del gas y del acero, de los ferrocarriles y de la ganadería ovejera de Magallanes y del Norte Chico. Ingenieros británicos instalaron la línea telegráfica transandina, y la primera ciudad sudamericana que pudo jactarse de contar con un servicio de tranvías fue Santiago, gracias al proyecto de Thomas Garland. El primer pavimento de las calles santiaguinas fue obra también de una compañía británica.

Gran cantidad de productos y costumbres totalmente cotidianos en el Chile de hoy, son parte de su herencia: como los calcetines de lana, los géneros escoceses, el whisky, los jardines y los jardineros, los boy scouts y las girl guides, los jockeys, los marshmallows y las tostadas. Los ingleses introdujeron en la sociedad chilena conceptos como el fair play, el sentido histórico de la familia, el amor por la Patria y sus tradiciones, el cariño por los perros, la puntualidad y los buenos modales, un particular sentido del humor y la pasión por los deportes.

El fútbol, el tenis, la hípica y los saltos ecuestres, el golf y el polo son introducidos por esta colonia. Mientras que el, nuestro deporte popular por excelencia, es iniciado por los ingleses en la segunda mitad del siglo XIX, con rápido éxito, realizándose el primer campeonato entre clubes en 1892 en el Parque Cousiño, el tenis nace en Chile con la creación del Viña del Mar Lawn Tennis Club, en 1881, cobrando popularidad más tarde, tras la inauguración del Sporting Club en 1910. Este mismo club es cuna del golf nacional. También el rugby y el jockey, que hoy mantienen su vitalidad gracias a los colegios ingleses, llegaron vía Valparaíso, ligados al Badminton Club, en las primeras décadas del siglo XX.

En cuanto a la hípica, aunque tiene antecedentes más cosmopolitas, sin duda la influencia inglesa se hizo sentir a través de propietarios-criadores y jinetes destacados. Con ocasión de la primera visita del Príncipe de Gales en 1925 se instituyó una carrera anual con su nombre. Pero el aporte británico se extiende además a aspectos tan importantes como el desarrollo de las primeras entidades gremiales, las formas de convivencia y la democratización de nuestra sociedad. La capacidad de negociar, conciliar y trabajar en equipo, ajena a nuestra idiosincrasia, son valiosas lecciones aprendidas de estos inmigrantes.


Personal de la empresa Graham Rowe.