1900-1.jpg (17772 bytes)

Home

UNA EPOCA DE APOGEO

A comienzos del 1900 Valparaíso aún no había sido devorada por Santiago, era la verdadera capital económica del país, como lo describen Joaquín Edwards Bello, Abascal y Pereira y Gonzalo Vial Correa. 7  "Aquí estaban las principales oficinas de los grandes bancos, se hacían los negocios del salitre y de cambios. Era una ciudad simpática, comercial y deportiva, de un ambiente en cierto modo extranjero, sobre todo británico. Se oía mucho inglés en las calles; muchos apellidos y hasta muchos nombres de oficinas comerciales eran ingleses. Sus tiendas solían estar mejor surtidas que las de Santiago".

Como comparación, para 1885 la población de Valparaíso era solo un poco menor que la de la capital, 104.000 habitantes contra 189.332. Por aquel tiempo Viña del Mar comenzaba su desarrollo como ciudad residencial de los aristocráticos porteños.

Hay dos Valparaíso, dice Edwards Bello: "El verdadero color de Valparaíso está en los cerros. La gente extranjera del plan es una aglomeración de firmas comerciales sin espíritu ni patriotismo". Juicio severo, pero real. Las calles céntricas, los edificios comerciales, copiaban modelos británicos. Se habría y cerraba con puntualidad inglesa. Se leía, aunque atrasado, el Time de Londres. El comercio porteño abastecía tanto a los británicos como a santiaguinos. Estos compraban lo francés en Santiago y lo inglés en Valparaíso.

La juventud se educaba en colegios particulares: como el  Mackay(el cual existe hasta nuestros días), el Schooler, el Bluhm. Las diversiones también mostraban un tinte británico. Algunos de los ingleses eran verdaderamente ingleses; otros, chilenos de ese origen; otros todavía, chilenos puros que vivían como británicos.

"Pero este pequeño mundo supercivilizado era una isla, restringida al plan, Cerro Alegre y Viña del Mar: flotaba sobre el mar multitudinario, criollo y originalísimo de los demás cerros". La mayoría popular lamía continuamente el islote anglosajón. "Todas las mañanas íbamos al taqueadero y nos bañábamos en un mar donde flotaban cáscaras de sandías, de melones, de cebollas y mil desperdicios... A la salida se ponía una fila de vendedores de tortillas..." La noche  porteña pertenecía a la masa, no tenía nada de flemática ni de inglesa. "Un público ávido de placeres irrumpe como torrente, donde los ingleses porteños y sus imitadores eran solo turistas".

Desde Valparaíso, el "expreso" llevaba al viajero hasta Santiago en "fulminantes" cuatro horas de viaje.